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El Cultivo del Deseo; contra la Propiedad Privada de la Semilla

Published on by Colectivo Anomia · 5 min read

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El Cultivo del Deseo Contra la Propiedad Privada de la Semilla
Foto por Hao Taing en Unsplash.

La tierra, generosa y fértil, siempre ha sido el sustento de la vida. Sin embargo, el capital, con su voraz apetito de acumulación, ha cercado, privatizado y patentado incluso lo más fundamental: la semilla. La multinacional agroquímica, con sus semillas transgénicas esterilizadas y sus pesticidas tóxicos, no solo destruye la biodiversidad y envenena nuestros suelos, sino que también perpetúa un sistema de opresión que somete a los agricultores a su arbitrio. Dependencia económica, control de la producción, y la lenta, silenciosa extinción de variedades ancestrales, ricas en sabor y resistencia, son el resultado de este saqueo sistemático.

Imaginen la libertad de intercambiar semillas, de compartir el conocimiento ancestral sobre la agricultura, de cultivar la tierra sin el yugo de las patentes y los monopolios. Imaginen la soberanía alimentaria, donde las comunidades deciden qué cultivar, cómo hacerlo, y para quién. Este no es un sueño utópico. Existen iniciativas de bancos de semillas comunitarios, de intercambio de esquejes y de recuperación de variedades tradicionales que demuestran la posibilidad de una agricultura libre, descentralizada y respetuosa con la naturaleza. Se trata de una red de resistencia, una forma de rebeldía contra el dominio del capital sobre la vida misma.

Estos espacios de resistencia se basan en la colaboración, el respeto mutuo y la reciprocidad, construyendo una alternativa al individualismo competitivo que impone el sistema capitalista. Los saberes tradicionales, a menudo relegados al olvido, se convierten en herramientas esenciales para la autogestión y la autonomía alimentaria. La recuperación de variedades locales, adaptadas a los ecosistemas específicos, reduce la dependencia de los insumos externos y fortalece la resiliencia de los agroecosistemas frente a los cambios climáticos.

La defensa de la semilla libre es una lucha por la autodeterminación de los pueblos, por la soberanía alimentaria y por un futuro donde la tierra y sus frutos no sean mercancía, sino un bien común, un patrimonio colectivo que debe ser cuidado y compartido. La lucha contra las patentes sobre la vida es una lucha por la vida misma. El control de la semilla, es el control de la vida. Las grandes corporaciones, con su maquinaria de marketing y su discurso de la “eficiencia”, ocultan una realidad de explotación, control y destrucción ecológica. Es hora de recuperar el control de nuestras semillas, de nuestra comida, de nuestro futuro. Es hora de sembrar la rebeldía.

El acceso a semillas libres es un derecho fundamental, no un privilegio para unos pocos. Los bancos de semillas comunitarios están surgiendo en todo el mundo como una herramienta para defender este derecho y promover una agricultura sostenible y justa.

Existen muchos ejemplos de comunidades que están recuperando y conservando la diversidad genética de sus cultivos. Estas iniciativas se basan en la solidaridad y la colaboración, y ofrecen una alternativa viable al modelo agroindustrial dominante. Es necesario apoyar estos proyectos y promover la creación de nuevos espacios de resistencia. La lucha por la semilla libre es una lucha por la vida. Es una lucha por un futuro mejor.

La liberación de la semilla no es solo una cuestión de acceso; es una transformación profunda de nuestras relaciones con la tierra, con nosotrxs mismxs y con el resto del mundo vivo. Esto requiere la construcción de alternativas radicales al sistema capitalista, basadas en la solidaridad, la cooperación y el respeto por todas las formas de vida. Un modelo anarquista, descentralizado, feminista y antiespecista, donde la tierra se maneje colectivamente, es fundamental.

La creación de redes federadas de bancos de semillas, gestionados de forma horizontal y consensuada, sin jerarquías ni autoridades impuestas, permitiría el intercambio libre de información y recursos. El conocimiento tradicional, custodiado por mujeres durante siglos, recuperaría su valor primordial, alejándose de la lógica capitalista de la propiedad intelectual y la apropiación del conocimiento. Este conocimiento ancestral, que integra la comprensión de los ciclos naturales y la interdependencia de los seres vivos, es esencial para una agricultura regenerativa y respetuosa con el medio ambiente. Un agroecología feminista, que sitúa en el centro la perspectiva de las mujeres y las comunidades marginadas, sería clave en este proceso.

La autogestión de la producción alimentaria se basa en el apoyo mutuo y la colaboración entre comunidades. Las técnicas de permacultura y la agricultura ecológica, que valoran la biodiversidad y la salud de los suelos, se convertirían en prácticas habituales, dejando atrás los monocultivos extensivos y la dependencia de los agroquímicos. La lucha por el acceso a la tierra, que históricamente ha sido negado a las mujeres y a otros grupos marginalizados, es crucial para construir un sistema alimentario justo y equitativo.

La antiespecismo es inherente a este proyecto. Reconocemos la interdependencia de todas las especies y rechazamos la explotación y la violencia contra los animales. Una alimentación basada en plantas y en prácticas agrícolas respetuosas con la fauna y la flora es fundamental para alcanzar una sociedad verdaderamente sostenible y justa. Esto implica también cuestionar las estructuras de poder patriarcales que subyacen en la explotación tanto de la naturaleza como de las personas.

El fin del trabajo asalariado y la redistribución del trabajo, teniendo en cuenta la perspectiva de los cuidados y la gestión comunitaria de los recursos, es un pilar fundamental de este cambio. La creación de espacios de aprendizaje colectivo, donde se compartan conocimientos y se desarrollen nuevas habilidades, favorecería la autosuficiencia y la autonomía de las comunidades. Los sistemas de trueque y de economía solidaria, basados en la reciprocidad y el intercambio, serían esenciales para superar la lógica del mercado y construir relaciones sociales más horizontales. La liberación de la semilla es, en definitiva, parte de un proyecto más amplio de liberación social y ecológica. Es la construcción de un mundo donde la vida, en todas sus formas, pueda florecer.